¿Habrá alguna vez algún líder que anteponga ciertos principios a los intereses del sistema?
Gracias a Wikileaks, y a un tuit de @esthertrek de unpocodecalma.com, leo con estupor, pero sin demasiada sorpresa, que la venta de armas españolas y material bélico a Libia se disparó, en torno al 7700% (sic), tras la visita de Gadafi en 2007.
Hubo un tiempo en el que la política era la más noble empresa en la que un hombre podía embarcarse, en el que la búsqueda del progreso y del bien común era su principal objetivo. Hoy, parece que esa meta ocupa una posición ridícula, empujada por otros intereses; y quizás su peor cara sea mezclarse con el turbio negocio de las armas. Más allá de partidos políticos (creo que, al menos en este país, todos habrían actuado igual) parece claro que coletillas como “no-a-la-guerra” sólo sirven para ganar elecciones. Nada más. ¿Habrá alguna vez algún líder que anteponga ciertos principios a los intereses del sistema? ¿Cuánto tiempo duraría antes de ser apartado por éste?

Aprovecho también para recomendar una película del montón, pero muy interesante para saber cómo funciona esto de enriquecerse con la muerte de los seres humanos: El señor de la guerra (año 2005) muestra la vida de un traficante de armas, sus negocios y carrera, las consecuencias en su vida, su persecución por un agente de la Interpol, y la necesidad de esta pieza de ajedrez en el tablero del sistema. No es un peliculón, pero no deja indiferente.
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